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Del asbesto al crisotilo

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Los modernos productos de amianto son diametralmente diferentes de los antiguos. Actualmente se utiliza sólo un tipo muy particular de amianto: el crisotilo. La industria pone en el mercado únicamente los productos que se consideran inocuos para el público, en especial los materiales de construcción con cemento-crisotilo, los frenos, las juntas y algunos plásticos. Todos estos productos son densos y no friables, y la fibra de crisotilo se encuentra encapsulada dentro de una matriz de cemento o de resina.

En los antiguos productos, sobre todo en los aislantes, se utilizaban numerosos tipos de fibras de amianto, incluyendo la crocidolita y la amosita (anfíboles), para fabricar materiales con frecuencia friables, que pueden desmenuzarse ejerciéndole una simple presión con los dedos.

Crisotilo: Uso controlado = seguridad
El crisotilo es el tipo de amianto que produce menos polvo y que se elimina más fácilmente del cuerpo humano que los anfíboles. Si es posible afirmar que los productos modernos son seguros, es porque los estudios sobre los trabajadores expuestos a niveles de polvo, mucho más elevados que los medidos en las fábricas actuales, no indican ningún exceso de cáncer pulmonar ni mesotelioma (cáncer de la pleura).

Por otra parte, esta constatación fue explicada recientemente por la Comisión Ejecutiva de Seguridad Sanitaria (HSE) de Gran Bretaña, que llegó a la conclusión siguiente: "la aparición de un cáncer de pulmón asociado al crisotilo, como la amiantosis, es una cuestión de umbral." Además, la HSE confirmó que muy pocos casos de mesotelioma se atribuyen al crisotilo, a pesar de los altos niveles a los que se vieron expuestos miles de trabajadores en el pasado.

Actualmente se sabe que la tecnología de hoy día permite mantener un nivel de polvo (de 500 a 1 000 f/l), debajo del cual el riesgo, si existe, es tan bajo que no se puede descubrir. Esto se denomina un umbral práctico.

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Cemento-crisotilo: un producto seguro y de calidad
El 90 % de la producción mundial de crisotilo sirve para fabricar cemento-crisotilo, sea en forma de tubos, placas o tejas de pizarra. Estos productos han sido utilizados en unos sesenta países, tanto industrializados como en vías de desarrollo.

La excelente relación entre costo y rendimiento y la durabilidad constituyen las principales cualidades de estos materiales. Su fabricación requiere la importación de una escasa cantidad de fibras y, por lo general, se dispone localmente del resto de las materias primas. Además, la tecnología de fabricación requiere poca inversión y consume menos energía que los productos con los que compite.

Según los grupos de expertos reunidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS), los productos de cemento-crisotilo no constituyen un riesgo significativo para la salud pública o el medio ambiente. Además, los trabajadores de esta industria, sea en el sector de la fabricación, instalación o remoción de materiales, no se exponen a ningún riesgo detectable, cuando se aplican medidas eficaces de prevención de riesgos y de control de la calidad del aire.

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¿Por qué la controversia?

Verdadero problema: un producto viejo, mal controlado
Los reportajes alarmistas sobre el aumento de las enfermedades relacionadas con el amianto, combinados con la inquietud que suscitó la presencia de los aislantes con amianto en los edificios, provocaron una gran controversia en Europa, sobre todo en los países fríos, que son grandes usuarios de los productos de aislación friables con amianto.

El drama de todas las enfermedades del amianto es el tiempo que transcurre antes de que aparezcan los primeros síntomas: entre 20 à y 40 años (período de latencia). Teniendo en cuenta los malos métodos laborales que se utilizaron antiguamente, el uso masivo de anfíboles hasta la década del 70 y el período de latencia, no debe sorprendernos el número de casos de enfermedades relacionadas con el amianto que se declaran en la actualidad. Los instaladores de materiales aislantes en los astilleros navales y la construcción fueron los más afectados, ya que estuvieron expuestos a niveles de polvo de 100 a 200 veces más elevados que los permitidos por las normas actuales.

Será necesario esperar todavía muchos años antes de recoger los frutos de las reglamentaciones que imponen el control estricto en las fábricas y los efectos de la proscripción de los anfíboles y los productos friables con amianto adoptada en la década del 70.

Edificios aislados con amianto: ¿amenaza para la salud pública?
Las medidas obtenidas en numerosos edificios demostraron que los niveles de polvo no eran más elevados en el interior que en el exterior de los locales (0,1 a 1 f/l). La Agencia Estadounidense de Protección Ambiental (EPA) y las instancias gubernamentales de numerosos países declararon que, si los materiales están en buen estado, no crean ningún problema sanitario a sus ocupantes.

Sin embargo, todos recomendaron la implantación de programas de gestión de los locales aislados con amianto, que deban incluir inspecciones y medidas correctivas, cuando fuera necesario. Además, todos los trabajadores de mantenimiento deben poder utilizar equipos de seguridad adecuados y beneficiarse con programas de información y formación, que les permitan reducir al mínimo su exposición mientras trabajan en obras que requieren el manejo del amianto friable. La remoción debe seguir viéndose como una medida excepcional, durante las renovaciones importantes u obras de demolición.

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Eliminación del amianto = peligro
La proscripción del cemento-crisotilo no solucionará el problema de la aislación friable en los edificios. Al contrario, puede contribuir a crear una verdadera psicosis entre los ciudadanos, que buscarán medios para liberarse rápidamente de estos productos.

Ahora bien, la remoción requiere que se tomen precauciones, lo que vuelve la operación muy costosa, y exige la participación de contratistas especializados que, por lo general, no abundan. La eliminación sistemática de los materiales aislantes que contienen amianto aumenta considerablemente la probabilidad de que las medidas de control no se apliquen en forma adecuada y constituyan una fuente de riesgos, no sólo para los obreros sino también para los ocupantes.

Además, la remoción puede crear un nuevo peligro. En efecto, los productos de sustitución contienen fibras naturales o sintéticas que también pueden ser peligrosas. Ahora bien, contrariamente a lo que ocurre con el crisotilo, la mayoría de los países no ha reglamentado adecuadamente el uso de estas fibras.

Uso controlado
Si bien por una parte el desarrollo industrial contribuye al bienestar de nuestra sociedad, por otra parte nos lleva a utilizar diariamente numerosos productos más peligrosos que el crisotilo. Para aprovechar sus ventajas sin tener que sufrir los perjuicios, se han adoptado normas y mejorado tecnologías y métodos laborales que constituyen lo que se ha denominado "la práctica del uso controlado". Este principio implica que, si los riesgos asociados con un producto no pueden controlarse, éste se deje de utilizar; esto ha motivado, por una parte, la proscripción de las fibras de amianto anfibólico y los productos friables que contienen amianto. Por otra parte, el crisotilo y sus productos no friables, como el cemento-crisotilo, pueden controlarse y, por lo tanto, utilizarse sin peligro. Los gobiernos de Canadá y Quebec adoptaron esta posición con respecto al amianto, y a todos los minerales y metales, con el fin de proteger la seguridad de los trabajadores y de la población.

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Para ver también...

Productos del crisotilo