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Convención de Rotterdam

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EL CRISOTILO NO ENTRARÁ EN LA CONVENCIÓN DE ROTTERDAM:

Triunfo del sentido común sobre la demagogia

«Los hechos no forman parte del mundo de nuestras creencias.»

Marcel Proust

El 18 de septiembre 2004, los estados miembros de la Convención de Rotterdam rechazaron la propuesta de someter el crisotilo al procedimiento de consentimiento previo con conocimiento de causa (PCP). Los numerosos países, que representan a más de 3 mil millones habitantes, manifestaron sus opiniones sobre el tema y señalaron que la Convención de Rotterdam no era el vehículo apropiado para proteger la salud de los trabajadores implicados en el comercio, la transformación y el uso del crisotilo.

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Se trata de un fracaso rotundo para la Unión Europea, Chile y los otros grupitos abocados a prohibir el crisotilo, que dirigían la batalla para que esta fibra entrara en una lista de pesticidas y productos químicos peligrosos para el medio ambiente. Algunos de estos grupos de presión expresaron su frustración por haber perdido la batalla acusando a países como Rusia y Canadá de dar prioridad a los intereses económicos en detrimento de la salud de la comunidad.

Estas insinuaciones infundadas no deben hacernos perder de vista el objetivo primordial de esos países y grupos que apoyaron la inclusión del crisotilo en la Convención de Rotterdam, a saber: la prohibición del comercio del crisotilo para beneficiar las fibras sucedáneas. Los partidarios de la prohibición del crisotilo -Francia y Chile, en particular- están entre los principales productores de productos substitutos, como las fibras celulósicas y cerámicas: por lo tanto, en todo esto se juegan intereses económicos importantes.

Dondequiera que actúe el movimiento de interdicción, se nota la presencia de grupos que están en contra del crisotilo, que implícitamente apoyan la industria de los productos sucedáneos, la industria de extracción del asbesto y los estudios jurídicos. No sorprende escucharlos preconizar que las fibras substitutas son más seguras que el crisotilo, aun cuando la seguridad de estos productos no ha sido comprobada. Esto demuestra claramente que ciertos grupos de interés trataron de usar utilizar la Convención de Rotterdam y su procedimiento PCP, para fines muy diferentes de los que en principio quiere lograr esta Convención.

No hay que equivocarse al respecto. Todos los países presentes en Ginebra en septiembre pasado apoyan los loables objetivos de la Convención. Pero la mayoría de esos países no se dejó engañar por las maniobras destinadas a utilizar la Convención para sacar ventaja comercial y no para lograr los objetivos intrínsecos previstos. La denegación de incluir el crisotilo en el procedimiento PCP no representa el oponerse a proporcionar información a los países en vías de desarrollo, sino el no dejar que los europeos y sus aliados en esta causa dicten las reglas del comercio internacional. Pretendan lo que pretendan los militantes en contra del asbesto, no es la información a los trabajadores lo que está en cuestión, sino la simple interdicción del crisotilo. En una entrevista con Associated Press en noviembre de 2003, el Dr. Reiner Arndt (Presidente del Comité interino de estudio de sustancias químicas (que había propuesto la inclusión del crisotilo en la lista PCP), indicó claramente que "la Convención esta concebida principalmente para proteger a los países en vías de desarrollo, brindándoles una manera simple de prohibir las importaciones de los productos que ellos consideren peligrosos."

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No hay razón científica o médica que justifique la clasificación de las fibras de crisotilo junto con los pesticidas y los productos químicos más peligrosos. Contrariamente a los otros productos cubiertos por la Convención, el uso del crisotilo no plantea un problema ambiental. Los riesgos inherentes a su uso se limitan al medio laboral y ya hay una Convención internacional adoptada por 145 países, la Convención 162 de la Organización Internacional del Trabajo relativa a la seguridad en el uso del asbesto, que gobierna los principios de su uso sin peligros.

Es realmente una vergüenza que los opositores de la política que favorece un uso seguro y responsable de minerales y metales utilicen la salud o la calidad del medio ambiente, temas muy álgidos para la opinión pública, para apoyar sus actividades comerciales. Esto lleva inevitablemente a exagerar las cosas y a denigrar a una población que ya no sabe más distinguir los matices que ayudan a diferenciar la creencia de la realidad. En esta cruzada por la interdicción mundial del crisotilo, es evidente que hay importantes intereses comerciales implicados, y nadie, excepto los grupos de presión transnacionales, sale ganando con una guerra comercial que pelea bajo los auspicios de preocupaciones ambientales. La tentativa de incluir el crisotilo en el procedimiento PCP habría servido principalmente a intereses comerciales que están a años luz de las cuestiones sanitarias y la seguridad de los trabajadores, pero sobre todo a años luz de las necesidades de países emergentes y en desarrollo.

Los países que se opusieron a la inclusión del crisotilo en el procedimiento PCP se mostraron preocupados por el hecho de que la inscripción en la lista podría llevar involuntariamente a aumentar el uso de los productos sucedáneos, que no han sido evaluados adecuadamente y que podrían crear riesgos similares o quizá más elevados. La inclusión del crisotilo, excluyendo otras fibras industriales usadas en productos sucedáneos, habría sido un acto discriminatorio. Habría impuesto un desequilibrio en el comercio internacional de fibras industriales, dado que las industrias que compiten con el crisotilo por los mismos mercados sacarían ventajas con esta medida, al estar exentas de la carga burocrática y no estar asociadas con una lista de productos químicos altamente tóxicos. Por otra parte, los resultados de los estudios recientes sobre la biopersistencia demuestran que la mayoría de las fibras sucedáneas es más persistente y muy probablemente más peligrosa para la salud. En conclusión, la inclusión del crisotilo al procedimiento PCP habría sido interpretada como una llamada a la interdicción y al reemplazo del crisotilo por productos sucedáneos. Y esto contradice lo expresado por un gran minero de países y sus gobiernos que están en favor de la política del uso controlado y responsable.

 ARRIBA